«Si los granadinos nos apuntáramos a una dieta cultural, Granada sería la ciudad de los ‘sin miedo’»

El rockero granadino cierra este viernes en el Palacio de los Deportes, en casa, la gira sinfónica que inició el 21 de junio

MiguelRíos cierra su círculo sinfónico. La idea que nació bajo el paraguas del Festival Internacional de Música y Danza de Granada en julio de 2017, con su primer concierto de rock sinfónico, de la mano del director Josep Pons a la batuta de la Orquesta Ciudad de Granada, dará este viernes la vuelta completa al ruedo. Fue el primer rockero que se encerró con público en la magia circular del Palacio de CarlosV para maridar sobre un escenario su música y su voz con los instrumentos sinfónicos de una orquesta clásica. Después han venido otros en otros escenarios. Pero Miguel Ríos siempre podrá decir que fue pionero en su tierra. Como siempre. De aquella noche nació una gira. La arrancó el pasado 21 de junio en Barcelona, en el Festival de Pedralbes. La ha llevado al Liceu de la Ciudad Condal y al Teatro Real de Madrid. Una disfonía moderada-severa por laringitis aguda le obligó a cancelar dos de sus citas más recientes, en Sevilla y en Bilbao. Pero, una vez más, ha vuelto y despedirá ‘Symphonic Ríos’ en Granada. En su Granada. El lugar al que siempre vuelve. Viernes, 21.00 horas, Palacio de los Deportes de Granada.

–¿Está esa garganta ya en forma otra vez para despedir la gira en casa?

–Sí, desde hace unos días tengo el alta médica. Ahora estoy con los ejercicios de recuperación y fortalecimiento de las cuerdas vocales. No hay nada que la ilusión y el ensayo no puedan vencer.

–¿Satisfecho por cómo ha funcionado la gira?

–Muy satisfecho. Aquel concierto que estrenamos en el Festival de Música y Danza, con la OCG, Los Black Betty Boys dirigidos por el maestro Josep Pons, ha ido creciendo en repertorio y dinamismo y le ha dado momentos memorables a mi carrera. Solo la infección vírica que me impidió actuar en Sevilla y Bilbao, ha puesto la nota discordante. Lo siento mucho por la gente que se perdió los conciertos, pero también por mí y por mis 55 compañeros músicos que tanto disfrutamos en el escenario.

–Ha actuado en lugares emblemáticos como el Teatro Real o el Liceu. ¿Cuál de los conciertos de toda la gira le ha dejado mejor sabor de boca hasta la fecha, ya sea por el lugar donde se ha celebrado o por el calor del público?

–Hemos actuado en sitios tan diferentes, que cada bolo ha tenido su peculiaridad. En Ponferrada más de 2000 personas vieron el concierto bajo la lluvia, con sus paraguas abiertos. Como no tenían libertad para aplaudir, les propuse que subieran y bajaran sus paraguas para suplir las palmas. Nos divertimos un montón. Pero en general la acogida ha sido muy positiva en toda España.

–El escritor Leopoldo Abadía escribió en un artículo en El Confidencial, tras ver el concierto del Liceu, que se emocionó cuando le vio abrazarse a los músicos al final y pensó en el trabajo oscuro de horas que había detrás de esas dos horas y media de música. Le gustó porque dice que «Miguel y mis amigos me han demostrado, una vez más, lo que es capaz de hacer la gente normal. Mis amigos y Miguel Ríos son gente normal».

–Es de agradecer. Siempre he trabajado para que la gente me quiera. El concierto del Liceo fue apoteósico. Sentí el peso de la historia. Por sus tablas han pasado las mejores voces de la lírica y nosotros conseguimos colocar la música popular a la altura de la dignidad que el local ameritaba. A pesar de que en ese bolo empezó mi ‘procés viric’, que me mantendría casi un mes en el dique seco, logré que nadie se enterara de mis tribulaciones vocales. Claro, a costa de joderme la garganta.

–España ha cambiado mucho desde que Miguel Ríos empezó a girar por sus pueblos y ciudades. ¿Y el público, ha cambiado con el país?

–Un país es su gente, si no sería una abstracción. La España de los primeros 60, era un Estado en podredumbre moral total. Los españoles éramos seres carentes de libertad, sometidos. Así no existe el individuo. Por supuesto que hemos cambiado, como público y como ciudadanos. Aunque vuelven a correr malos tiempos para la lírica.

 

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